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30/05/2017 (Purujosa, Zaragoza, España)

Cuando las hienas de las cavernas habitaban el Moncayo

Aquí se presenta un nuevo yacimiento del Pleistoceno Superior: la cueva de Los Aprendices. Este yacimiento fue descubierto en 2012 por miembros del CEA (Centro de Espeleología de Aragón), los cuales encontraron un relleno sedimentario al final de una galería que parecía taponar una entrada antigua de la cavidad. En dicho relleno se observaron unos huesos que sobresalían del sedimento.

El grupo Aragosaurus-IUCA lleva mucho tiempo colaborando con el CEA y fruto de esta colaboración se han encontrado numerosos yacimientos en la geografía aragonesa. Algunos de los más importantes son el cubil de leopardos de los Rincones en el Moncayo (término municipal de Purujosa) y la cueva con osos deningeri a más de 2000 m en los Pirineos (sierra de Secús).

Los espeleólogos comunicaron su descubrimiento a los paleontólogos de la Universidad, en ese momento organizamos una visita a la cavidad dentro del proyecto de investigación de la DGA (Labores de prospección de las cavidades kársticas de la zona del Moncayo situadas en los términos municipales de Purujosa, Trasobares y Calcena Nº Exp 087/2011). Tras la visita a la cavidad se observó que dicho depósito tenía un gran potencial paleontológico y, por tanto, se decidió realizar una pequeña excavación para recuperar esos huesos. En un primer momento y al poder ver solo parte de los huesos sobresaliendo del sedimento, nos planteamos que podría tratarse de restos de un carnívoro de gran tamaño, probablemente un oso. Como es sabido, los osos tienen hábitos cavernícolas y son los restos más frecuentes en las cavidades y por otro lado, recientemente se había probado la presencia de osos en el Moncayo durante el Cuaternario en la vecina cueva de Los Rincones a apenas 10 km de distancia de Los Aprendices. Por tanto, la sorpresa fue mayúscula tras comenzar la excavación y descubrir que se trataba de los huesos en semiconexión anatómica de una hiena de las cavernas.

La hiena de las cavernas (Crocuta spelaea) fue un carnívoro común en Europa, especialmente durante Pleistoceno Superior, pero a pesar de su amplia distribución y registro hay muy pocos ejemplos de esqueletos completos. Esto en parte se debe a los hábitos carroñeros y caníbales de las hienas, por tanto, cuando una hiena muere en un cubil es frecuente encontrar sus huesos consumidos por otras hienas. Además las hienas son unos animales con una poderosa mordida capaces de reducir a esquirlas los huesos. Por este motivo, es muy poco frecuente encontrar dichos animales en un estado de conservación tan bueno como el esqueleto de los Aprendices. De hecho este esqueleto representa el ejemplar más completo de la Península Ibérica y uno de los tres esqueletos mejor conservados de todo el mundo.

El gran estado de conservación de este ejemplar nos ha servido para poder estudiar las características tanto craneales como postcraneales de este poderoso depredador. Gracias al buen estado del esqueleto se ha podido estimar su peso, que rondaría los 100 kg (103 kg concretamente), lo que nos indica que este ejemplar es uno de los más grandes del registro fósil y que además es muy superior a las actuales hienas manchadas (Crocuta crocuta) las cuales tienen una media de peso de unos 55 kg si bien es cierto que algunos ejemplares extraordinarios alcanzan los 90 kg.

Por otro lado el hallazgo de este ejemplar de hiena de las cavernas nos ha servido como punto de partida para realizar un estudio sobre la distribución de este carnívoro en la Península Ibérica. Su registro fósil es abundante durante el Pleistoceno Superior gracias a su hábito de  acumular huesos en las cavidades donde posteriormente los consume.

El trabajo se ha publicado en la prestigiosa revista Palaeontologia Electronica. La referencia completa del artículo es:

Sauqué, V., Rabal-Garcés, R., Madurell-Malaperia, J., Gisbert, M., Zamora, S., de Torres, T., & Cuenca-Bescós, G. (2017). Pleistocene cave hyenas in the Iberian Peninsula: new insights from Los Aprendices cave (Moncayo, Zaragoza). Palaeontologia Electronica, 20(1), 1-38.


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