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31/01/2010 (Península Ibérica)

Nueva aportación sobre los dinosaurios jurásicos ibéricos


Nuestro aragosaurero José Ignacio Canudo acaba de publicar un interesante trabajo en la revista Zubia sobre los dinosaurios ibéricos del final del Jurásico, entre los que se encuentra Galvesaurus. En la fotografía se puede ver a José Luis Barco preparando la vértebra cervical. En esta publicación se hace un repaso de todos los descubrimientos de dinosaurios en el Kimmeridgiense y el Titónico de España y Portugal. Esta fauna es muy interesante desde el punto de vista paleobiogeográfico, ya que hay algunos que tienen relación con dinosaurios norteamericanos, pero otros son exclusivamente europeos. Esto implica que había o había habido una conexión terrestre entre la Península Ibérica y Norteamérica.



La presencia de dinosaurios norteamericanos como Allosaurus y Stegosaurus en Portugal al final del Jurásico es la mejor evidencia de esta conexión. Sin embargo los datos paleogeográficos indican que el Atlántico norte había comenzado a abrirse. Este océano sería una barrera infranqueable para los dinosaurios. Como interpretar esta disparidad de datos. El trabajo discute esta problemática. Se puede descargar el trabajo al final de la noticia.

La referencia completa es: Canudo, J. I. 2009. Dinosaurios ibéricos, final del Jurásico y la Formación Morrison. Zubía, 27, 53-80.

El resumen completo es: El registro de dinosaurios de la Península Ibérica presenta una gran ambigüedad paleobiogeográfica durante el tránsito Jurásico-Cretácico. Hay una mezcla de elementos europeos, norteamericanos y endémicos. Algunos géneros de la Formación Morrison (EE.UU.) como Stegosaurus o Allosaurus se han identificado en Iberia, pero también se han descrito taxones exclusivamente europeos como Dacentrurus, Turiasaurus o Galvesaurus. Esta presencia conjunta implica un papel significativo tanto de los fenómenos de dispersión, como del endemismo. La dispersión al final del Jurásico podría estar restringida a algunos grupos como los terópodos o los estegosaurios, ya que los saurópodos ibéricos y norteamericanos son claramente diferentes. Esta dispersión se produciría por medio del corredor Iberia-Terranova que funcionaría en el Kimmeridgiense coincidiendo con un periodo regresivo. Para algunos autores, el registro conocido se explicaría mejor con un intercambio de faunas previo al Kimmeridgiense, y una evolución vicariante de algunos grupos de dinosaurios (como los terópodos) durante el Kimmeridgiense - Titónico en Norteamérica e Iberia. Las faunas de la base del Cretácico de la Península Ibérica presentan elementos endémicos y singulares que indican un claro aislamiento. Sin embargo, siguen siendo faunas "jurásicas", por lo que el reemplazamiento por las faunas "cretácicas" se produjo posteriormente al límite Jurásico-Cretácico, al menos, en la Península Ibérica.

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