Paleogeografía del noreste de Iberia durante el Aptiense temprano medio-tardío, que indica la ubicación de los afloramientos de Grávalos (G) y Torrelapaja (T) (adaptado de Suárez-González et al., 2013, 2025; letras blancas y cuadrado rojo introducidos por los autores de esta Respuesta). (B) Paleogeografía de las cuencas del Maestrazgo y del sur de Iberia durante el Aptiense temprano medio-tardío
Uno de los motores fundamentales del avance científico no es el consenso, sino la discusión razonada. La ciencia progresa cuando los datos se revisan, las interpretaciones se contrastan y las hipótesis se ponen a prueba de forma abierta. Lejos de ser un signo de debilidad, el debate científico es una herramienta esencial para afinar nuestro conocimiento del pasado de la Tierra, especialmente en disciplinas históricas como la Geología o la Paleontología, donde las reconstrucciones se basan en registros incompletos y complejos.
En este contexto, los intercambios de comentarios y réplicas en revistas científicas especializadas son una parte sana del proceso investigador. Permiten clarificar puntos controvertidos, reevaluar evidencias y, en muchos casos, abrir nuevas líneas de trabajo. Un buen ejemplo de ello es la reciente réplica publicada por el aragosaurero Marcos Aurell y colaboradores en Cretaceous Research, en respuesta a un artículo crítico de Suarez-Gonzalez y colaboradores sobre un trabajo anterior acerca de la evolución tectosedimentaria de la subcuenca de Torrelapaja, en la cuenca de Cameros en el norte de España.
Una pequeña cuenca con grandes implicaciones
La subcuenca de Torrelapaja ocupa una extensión reducida en el noreste de la península ibérica, entre las cuencas de Cameros y Maestrazgo. Sin embargo, su posición es clave para entender la paleogeografía del Jurásico final y el Cretácico inferior en esta región. En su trabajo original de 2021, el equipo de Aurell definió tres grandes secuencias sinrift —ligadas a fases de extensión tectónica— que abarcan desde el Titoniense hasta el Albiense medio.
Estas secuencias registran el paso de ambientes continentales a costeros y marinos, e incluyen niveles con abundantes ostreídos fósiles, cuya posición estratigráfica ha sido objeto de debate durante décadas. La correcta datación de estos depósitos y su correlación con otras unidades regionales no es un mero detalle cronológico: de ello depende cómo reconstruimos la apertura de las cuencas, las conexiones marinas con el Tetis o con el Atlántico y la evolución paleogeográfica del noreste ibérico.
Tres puntos clave de controversia
La réplica publicada recientemente por nuestro equipo aborda de manera sistemática tres cuestiones principales planteadas por otros autores. La primera se refiere a la edad y correlación lateral de la Formación Torrelapaja, que Aurell y colaboradores interpretan como equivalente al Grupo Enciso y de edad Hauteriviense–Barremiense, frente a la atribución Aptiense defendida tradicionalmente por otros grupos. La discusión no es trivial y se apoya en datos de bioestratigrafía, estratigrafía secuencial y, más recientemente, cicloestratigrafía y estudios magnéticos.
El segundo punto controvertido es la edad de los niveles marinos ricos en ostras. Frente a una interpretación clásica que los situaba en el Aptiense, los autores defienden una edad Albiense media, apoyándose en su relación estratigráfica con la Formación Escucha y en comparaciones con afloramientos equivalentes del norte de la cuenca de Cameros.
Por último, el debate se centra en el origen de las incursiones marinas. Mientras algunos modelos proponen una conexión marina entre las cuencas de Cameros y Maestrazgo durante el Cretácico inferior, la réplica defiende que los datos sedimentológicos y paleontológicos apuntan a una única entrada marina desde el norte, vinculada a la cuenca Vasco-Cantábrica, descartando un corredor marino meridional en esa etapa.
Más datos, mejores modelos
Lejos de cerrar el debate, Aurell y colaboradores reconocen que algunas de estas cuestiones requieren nuevos datos y métodos independientes, especialmente técnicas de datación más precisas. Sin embargo, la réplica refuerza la idea de que las interpretaciones deben apoyarse en el conjunto de evidencias disponibles y ser coherentes con la arquitectura tectónica y sedimentaria de las cuencas.
Este intercambio científico ilustra muy bien cómo funciona la investigación geológica: hipótesis que se revisan, modelos que se ajustan y reconstrucciones paleogeográficas que evolucionan con cada nuevo estudio. Y, sobre todo, muestra que incluso áreas pequeñas, como la subcuenca de Torrelapaja, pueden desempeñar un papel clave para entender la historia geológica de toda una región.
En definitiva, la discusión científica no solo es inevitable, sino necesaria. Gracias a ella, nuestro conocimiento del pasado de la Tierra se vuelve cada vez más sólido, matizado y fascinante.













