Cráneo del Castor europeo
Uno de los misterios más curiosos de la biodiversidad ibérica en los últimos años es la sorprendente vuelta del castor europeo, un animal que dábamos por desaparecido desde hacía dos siglos y que, sin hacer mucho ruido, ha ido colonizando ríos de media España. En apenas veinte años, este roedor ha pasado de ser un recuerdo histórico a convertirse en protagonista de debates ambientales, titulares y conversaciones de ribera. Nuestra aragosaurera, Gloria Cuenca Bescós, participa en un episodio del podcast The World dedicado a este fenómeno, un ejemplo perfecto de cómo la paleobiología de la conservación puede ayudarnos a entender y gestionar la fauna actual. Su intervención aporta una mirada amplia y muy necesaria.
Aunque no está del todo demostrado, se acepta que hace dos décadas alguien liberó dieciocho castores en el río Ebro. Desde entonces, la especie no ha hecho más que prosperar: hoy se calcula que hay unos dos mil individuos, repartidos por Aragón y otras comunidades españolas modificando los paisajes fluviales con sus diques y talas. Para algunos, su regreso es una bendición: un auténtico ingeniero ecológico capaz de crear humedales, retener agua y aumentar la biodiversidad. Para otros, en cambio, es un quebradero de cabeza por los daños en cultivos y árboles frutales.
En medio de este debate, la voz de Gloria Cuenca, paleontóloga de la Universidad de Zaragoza, resulta especialmente valiosa. Ella recuerda que los castores formaron parte del ecosistema ibérico durante miles de años y que su desaparición fue culpa directa de la actividad humana. Gracias a esa perspectiva de largo plazo, la reaparición del castor europeo en España deja de verse como una rareza o una molestia y pasa a entenderse como la recuperación aunque algo accidentada— de un elemento perdido del paisaje fluvial. Además, Cuenca subraya que estos animales cumplen funciones clave en la creación de hábitats y en la regulación del agua, algo especialmente valioso en tiempos de sequía.
Su aportación ayuda a equilibrar un debate que a menudo se queda atrapado entre la conservación y los intereses agrícolas. Recordarnos que los castores ya estuvieron aquí, y que su papel ecológico es profundo y beneficioso, permite mirar el problema con más calma y más contexto. En el fondo, el regreso del castor no va solo de gestión ambiental o de legalidades: nos obliga a replantearnos cómo convivimos con las especies que moldearon nuestros ríos durante milenios. Y ahí, la mirada de Gloria Cuenca es esencial para entender que, pese a las controversias, el ecosistema está recuperando un pedacito de su memoria natural.













