Reconstrucción en vida de dos Ajkaceratops kozmai(ilustración de Matthew Dempsey, tomado de Maidment et al., 2026).
Tras más de 200 años de paleontología como ciencia sistemática, puede parecer, de cara al público, que todo está ya escrito y descubierto, y que muchos debates están ya zanjados. Nada más lejos de la realidad, ya que actualmente se siguen produciendo nuevos descubrimientos, que vuelven a cambiar nuestra visión sobre la vida del pasado en la Tierra. Un claro ejemplo de ello ha sido el reciente artículo publicado en la revista Nature este pasado 7 de enero (casi de regalo de Reyes) por un equipo de paleontólogos de Reino Unido, Alemania, Rumanía y Hungría, y que pone fin a un debate de la paleontología de vertebrados: “Sí, hubo dinosaurios ceratopsios en Europa”.
Los ceraptosios fueron un exitoso grupo de dinosaurios ornitisquios (con “cadera de ave”) herbívoros caracterizados por sus particulares cabezas, teniendo un pico córneo similar al de los loros actuales, con los huesos de las mejillas prominentes hacia los lados, y algunos de sus miembros desarrollaron cuernos y extensiones del cráneo sobre el cuello, denominadas golas. Sin duda, la apariencia de Triceratops, su representante más destacado y conocido es muy útil para hacerse una idea del aspecto de estos dinosaurios, si bien al igual que había muchos ceratopsios de gran tamaño como Triceratops, también los había de pequeños.
Este grupo de dinosaurios surgió en Asia en el Jurásico Superior y su registro está limitado a este continente y a Norteamérica, donde son muy abundantes durante el Cretácico Superior. Curiosamente, en Europa, pese a estar muy próxima a Asia, y en el camino que habrían seguido algunos ceratopsios en sus dispersiones hacia Norteamérica, no había ningún registro concluyente que indicara la presencia de este clado de dinosaurios en nuestro continente. Algunos indicios fragmentarios parecían dar pistas de que los ceraptosios sí que habitaron Europa, si bien nunca representaban pruebas concluyentes…, hasta ahora.

En el yacimiento húngaro de Iharkút (Santoniense, Cretácico Superior) se describió hace 16 años un fragmento incompleto de un morro de un dinosaurio, con una característica forma de pico, y al que se indentificó con un ceratopsio, definiéndose como Ajkaceratops kozmai (Ősi et al., 2010). No obstante, dado su estado incompleto y sus peculiares características morfológicas, algunos autores pusieron en duda su afinidad con los ceratopsios (Czepiński y Madzia, 2024), clasificándolo de manera más amplia como un ornitisquio indeterminado. No obstante, en la reciente publicación de Nature, Maidment y colaboradores estudian un cráneo mucho más completo de Ajkaceratops (Fig. 1) procedente del mismo yacimiento que no deja lugar a dudas sobre su pertenencia a Ceratopsia.
El cráneo se encontró algo aplastado y deformado, por lo que fue escaneado mediante tomografía computarizada (TC) y una vez obtenido el modelo 3D, se le sometió a una retrodeformación para poder recuperar su forma original y estudiar sus características morfológicas. Y esta vez no hay duda, Ajkaceratops es un ceratopsio, aunque con algunas diferencias morfológicas respecto a sus primos asiáticos y americanos (por ejemplo, aparentemente carece de gola) (Fig.2).
En el estudio, además se ha revisado material de algunos dinosaurios del Cretácico Superior de Hungría y Rumanía identificados en el pasado como “rhabdodóntidos”, y con la nueva información en mano, se ha podido demonstrar que no pertenecían a este grupo de ornitópodos, sino que eran realmente ceratopsios. Es el caso de “Mochlodon”, que se ha sinonimizado con Ajkaceratops, ya que procede del mismo yacimiento y horizonte estratigráfico. Otro caso es una de las especies de rhabdodóntidos del Maastrichtiense de Rumanía, “Zalmoxes” shqiperorum, que ha sido identificada como ceratopsio también y renombrada como Ferenceratops shqiperorum. La otra especie de Zalmoxes, Z. robustus se mantiene de momento, puesto que en el estudio su inclusión en Ceratopsia no es concluyente.

.
De esta manera, el trabajo de Maidment et al. confirma la presencia de ceratopsios en Europa durante el Cretácico superior, con al menos dos géneros. También establece que existió una mayor diversidad en los ecosistemas europeos de dinosaurios del Cretácico Superior, con varios grupos de herbívoros coexistiendo (ornitópodos, saurópodos, anquilosaurios y ceratopsios), similar a lo que sucedía en Norteamérica y Asia.
Y, por supuesto abre la puerta también a revisar parte del material fósil asignado tradicionalmente a Rhabdodontidae en otras partes de Europa. Quién sabe, puede que tengamos guardado al primer ceratopsio ibérico en la colecciones de algún museo de España, o quizás nos esté esperando en el campo, esperando a ser excavado…
La referencia completa es:
Maidment, S.C.R, Butler, R.J., Brusatte, S.L., Meade, L.E., Augustin, F., J., Csiki-Sava, Z., Ősi, A. 2026. A hidden diversity of ceratopsian dinosaurs in Late Cretaceous Europe. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-025-09897-w
Para leer más:
Czepiński, Ł., Madzia, D., 2024. Osteology, phylogenetic affinities, and palaeobiogeographic significance of the bizarre ornithischian dinosaur Ajkaceratops kozmai from the Late Cretaceous European archipelago. Zoological Journal of the Linnean Society 202 (4), zlae048, https://doi.org/10.1093/zoolinnean/zlae048
Ősi, A., Butler, R. J., Weishampel, D. B., 2010. A Late Cretaceous ceratopsian dinosaur from Europe with Asian affinities. Nature 465, 466–46. https://doi.org/10.1038/nature09019













