En el Cretácico también había turismo, sino que se lo digan a los dinosaurios rebaquisáuridos

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Reconstrucción de Demandasaurus de Raul Martín para el Museo de Salas de los Infantes y el CAS

Hoy os traemos una historia sobre un grupo de dinosaurios con nombre exótico y vidas secretas que os va a encantar. Nos referimos a los rebaquisáuridos (Rebbachisauridae), esos "primos" no tan lejanos de los archiconocidos Diplodocus. El nombre del grupo tiene su miga: resulta que Rebbachisauridae viene de Rebbachisaurus, un bicho descrito en los años 50 en Marruecos. Pero lo divertido es que "Rebbach" es, en realidad, una mala traducción fonética que hicieron los franceses de "Kebbash" (o Kebbache), que es el nombre de una tribu seminómada de la zona. Así que, técnicamente, ¡estamos hablando de los "reptiles del territorio de la tribu de Kebbash"!

Los "dinosaurios fantasma" Si miramos los libros de historia (o más bien, el registro fósil), a estos gigantes comedores de planteas de cuellos y colas largos les encanta jugar al escondite. Los análisis genéticos y evolutivos nos dicen que debieron originarse allá por el Jurásico inferior o medio. Sin embargo... ¡no hay ni un solo fósil suyo de esa época! Reaparecen directamente en el Cretácico. A este vacío sin fósiles de entre 20 y 42 millones de años los paleontólogos lo llamamos, de forma muy peliculera, un "linaje fantasma"

El gran salto a Europa (con acento burgalés): Tradicionalmente se pensaba que los rebaquisáuridos eran muy del sur, ya que sus fósiles abundaban en Gondwana (lo que hoy es América del Sur y África). De hecho, mientras en el hemisferio norte otros dinosaurios sufrían crisis de biodiversidad, en el sur ellos vivían su época dorada. Pero la paleontología siempre nos guarda una sorpresa. Resulta que sí que cruzaron la frontera hacia el norte (Laurasia). ¿Y dónde dejaron su huella más clara? ¡En España! Hablamos del famosísimo Demandasaurus darwini, descubierto en Burgos (en la Formación Castrillo de la Reina). Este grandullón es el primer rebaquisáurido oficial y bien documentado de Laurasia. Gracias a las excavaciones realizadas entre 2002 y 2004, se recuperó un esqueleto parcial bastante majo con restos del cráneo, dientes, vértebras, costillas y hasta los isquiones. Lo curioso de Demandasaurus (y que comparte con sus parientes africanos como Nigersaurus) es que los adultos tenían una mandíbula con un contorno anterior en forma de "U". Esto es rarísimo, porque los diplodocoideos normales la tenían rectangular. Los investigadores creen que esto se debe a un proceso evolutivo llamado pedomorfosis, lo que significa que de adultos mantenían rasgos que sus ancestros solo tenían cuando eran bebés. ¡Unos auténticos Peter Pan jurásicos! 

¿Turistas en Benidorm o migrantes climáticos?: El descubrimiento de Demandasaurus en la península ibérica no es solo un cromo más para la colección; es una prueba irrefutable de que hubo puentes e intercambios migratorios entre África y Europa durante el Barremiense (hace unos 125 millones de años). Además, se han encontrado restos aislados (como dientes tipo "lápiz" y algunas vértebras) en la Isla de Wight, en Inglaterra. Al analizar esos huesos británicos, las similitudes con nuestro Demandasaurus son tan grandes  que podrían pertenecer al mismo género (Demandasaurus sp.) en lugar de ser una especie nueva. Vamos, que a los rebaquisáuridos les gustaba viajar por el continente europeo. Existen otros candidatos a rebaquisáuridos laurasiáticos aún más antiguos flotando por ahí, como el polémico Xenoposeidon de Inglaterra o Maraapunisaurus de EE. UU., pero sus restos son tan fragmentarios (o directamente se han perdido) que es mejor tomárselo con calma antes de reformular de nuevo los mapas de su origen.

Así que ya lo sabéis: la próxima vez que penséis en dinosaurios de cuello largo, acordaos de la tribu de Kebbash y de cómo sus "reptiles" terminaron dándose un paseo desde los desiertos africanos hasta las tierras burgalesas.

Puedes leer el artículo completo: Torcida Fernández-Baldor, F., Canudo, J.I. Rebbachisauridae de Laurasia. Zubia. Paladino: Las lenguas romances y los dinosaurios. Pérez-Lorente, F. (coord.) 193-216.

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