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07/01/2010

Reconstruyendo la dispersión de los hominídos en Europa durante el tránsito Pleistoceno Inferior - Medio

El último número de Diciembre del Journal of Human Evolution, la revista científica más importante sobre paleontología y evolución humana, nos trae un interesante artículo firmado por nuestros aragosaureros Hugues-Alexandre Blain y Gloria Cuenca-Bescós.  En este artículo se vuelve a advertir de la importancia del clima en la dispersión de los humanos por Europa como apuntábamos en 2005 en el artículo sobre los cambios climáticos en el yacimiento de Gran Dolina, en Atapuerca. En Gran Dolina se registra uno de los cambios más dramáticos en la historia de la dispersión humana en Europa, durante el tránsito del Pleistoceno inferior al Pleistoceno medio (hará unos 780.000 años). Este tránsito está marcado por una importante transformación en el campo magnético terrestre, la migración del polo magnético sur al norte y viceversa, el famoso cambio Matuyama/Brunhes. Pero el paleomagnetismo es otra historia.


Lo importante para reconstruir la colonización humana de Europa es que poco después del límite Pleistoceno inferior/medio, los humanos comenzaron a poblar gradualmente nuestro continente. Hace 500.000 años se encuentran ya humanos en Aragó (Francia), Boxgrove (Reino Unido), la Sima de los Huesos en Atapuerca. Éste último yacimiento, la Sima de los Huesos nos cuenta que las poblaciones humanas podían ser además relativamente numerosas (casi 32 individuos enterrados en esta profunda sima del karst de Atapuerca nos lo demuestra). En aquella ocasión, en 2005 vimos, gracias a los pequeños mamíferos, que la causa de la dispersión pudo haber sido la disminución de los bosques y la expansión de los medios abiertos que pudieron garantizar la migración de los humanos a través de pasillos abiertos en la espesura de los antiguos bosques.

En este nuevo artículo sobre el clima y la evolución humana se pone en evidencia que el clima fue uno de los factores que influyeron en las migraciones humanas mucho antes también, después de otro importante evento paleomagnético, la transición Olduvai/Matuyama que marca el antiguo límite Plio/Pleistoceno (ahora el comienzo del Pleistoceno se sitúa poco más de medio millón de años por debajo).  Como señalamos durante el Pleistoceno inferior el hombre prefirió lugares de clima templado, relativamente cálidos y húmedos para asentarse, como por ejemplo el entorno de los yacimientos de la Sima del Elefante, (de los niveles inferiores de Atapuerca) y de los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva 3 en Guadix-Baza (Granada), faltando de aquellos niveles en los que las condiciones eran más glaciares (frías y secas).

Para el que quiera saber más puede consultar ambos artículos, cuyas referencias son las siguientes:

Cuenca-Bescós, G. Rofes, J. and García-Pimienta, J.C. (2005): Early europeans and environmental change across the Early-Middle Pleistocene transition: small mammalian evidence from Trinchera Dolina cave, Atapuerca, Spain. Head, M.J. and Gibbard, P.L. (eds.). Early-middle Pleistocene transitions: the land-ocean evidence. Geological Society of London, Special  Publication 247, 277-286.

Agustí, J., Blain, H.-A., Cuenca-Bescós, G.,  Bailón, S.  (2009): Climate forcing of first hominid dispersal in Western Europe. Journal of Human Evolution 57, 815-821.

Los de la foto no son los homínidos pleistocenos, sino los del equipo del río de Atapuerca durante la campaña del 2007.



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